Bienvenidos

Bienvenidos a baiskeli.cl (bicicleta en suajili). Somos Jorge y Benjamín, desde el 1 de Septiembre de 2012 hasta Octubre de 2013 realizamos nuestra travesía en bicicleta por África.

La idea de este viaje comenzó un año y medio antes de comenzar el pedaleo por el continente negro despues de algunos viajes en bicicleta por Chile. Soñar con cruzar un continente y conocer otra cultura desde nuestras bicis.

Fueron 12 paises y 13.500 kms pedaleados en el continente Africano, aquí encuentran el mapa completo de la travesía. Después de Africa, Jorge continuó 6 meses en solitario por Turquía, Europa, Bolivia y Chile.

Muchas gracias a nuestros auspiciadores: Andesgear, Just Climb, Globalsat, Remoto y Cannondale. Al apoyo de la Revista Outdoors. A nuestros amigos y familias que nos transmiten la mejor de las energias y nos dieron los ánimos y el apoyo para el paso mas difícil, comenzarla.

Alto Bío Bío – Araucanía

Hermosa ruta en la zona sur de Chile, especial para los amantes del bosque y las montañas. En este camino encontrarás parte de los paisajes más escénicos de nuestro país, flora típica y la hospitalidad local. Al igual que la mayor parte del sur de Chile, el camino cuenta con todas las facilidades que buscan los cicloturistas. agua y lugares perfectos para el camping.

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Dificultad: Media – Alta

Tiempo: De 8 a 12 días

Temporada: de Octubre a Marzo

Distancia: 350 kms

Comienzo: Santa bárbara o Los Angeles

Fin: Curacautín

APROXIMACIÓN

El comienzo de esta ruta es posible hacer desde Los Angeles o Santa Bárbara. A la ciudad de los Angeles llegan distintas compañías de buses y de diferentes puntos de Chile. A Santa Bárbara es posible llegar desde Santiago en Turbus. Recomendamos confirmar con las compañías de buses si permiten o no llevar las bicicletas como equipaje. El costo de llevar una bicicleta cómo equipa de Santiago a Santa Bárbara, puede variar entre 3 a 5 mil pesos aproximadamente.

_JAF3655Camino a Ralco

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RUTA

Para comenzar el camino desde Santa Barba o Los Angeles en necesario tomar la ruta que va en dirección sureste y que conecta Los Angeles con el pueblo Ralco. En este caso detallaremos la ruta desde Santa Barbara (este será nuestro km 0 de toda la ruta).  Hasta Raclo, el camino es pavimentado, con una berma justa y un constante pero agradable desnivel que nos aproxima a la cordillera. Un bello camino, con poco transito en los meses fuera de temporada y que acompaña el río bío bío que se abre y se encajona durante su trayecto. En el kilómetro 20, nos encontraremos con la primera de las represas que se han hecho en este valle, una imagen espectacular e impactante por sus torres de alta tensión, sus muros y por la nostalgia de un antiguo camino que cruzaba por bellos y perfectos campos que mágicamente un día vieron cómo todo se inundaba y ahora sus tierras se limitan por la orilla de un lago artificial: La represa angostura.
En el kilómetro 46 llegamos al pueblo de Ralco. Aquí encontraremos dos pequeños supermercados que cuentan con todo lo necesario. Hay restaurante, cabañas y camping si decidimos pasar nuestra primera noche en este lugar.
Los próximos 3 kilómetros saliendo de Ralco, haremos un pequeño ascenso y nos despediremos del pavimento por los próximos días. La ruta continúa por la orilla de la primera represa construida en este valle: Pangue. Rodeada de un bosque tupido de Coihues, Robles, Cipreses y lengas. El camino desde este punto hasta Chenqueco (km 97) es de ripio, el estado dependerá de la época del año y desde la última vez que haya pasado la máquina. El ripio, los ascensos y descensos, harán del avance un poco más lento. Al final de la represa pangue están las termas del Avellano (km 66) que cuentan con sitios de camping. Lugar ideal para un merecido descanso y pasar la primera noche junto al río bio bio.

Represa Pangue
Desde las Termas del Avellano seguiremos avanzando por el lado norte del bio bio. En el kilómetro 78 veremos la última de las represas del valle, Ralco. En el kilometro 97 llegaremos a Chenqueco, comunidad pehuenche. Chenqueco cuenta con un almacén para abastecernos de comida, es posible encontrar camping también en este lugar. Si no queremos pagar por alojamiento, a orillas del río encontraremos lugares ideales para armar nuestras carpas. Si hacemos uso de estos lugares, recordemos dejarlos limpios y llevarnos nuestra basura.

Este es un punto importante en nuestro viaje. Aquí se acaba el camino oficial y la ruta continúa por el fundo los guindos. Para ingresar al fundo los guindos es necesario hacerlo por la pasarela del río que se encuentra junto a Chenqueco. Es importante no seguir el camino hacía Guayalí, ya que este camino es para vehículos y el cruce del río no cuenta con puente. Una vez cruzada la pasarela, deberemos empujar nuestras bicicletas por unos 20 minutos, este sendero, es una servidumbre de paso local y paso de animales. Al llegar al primer plano, podremos volver a subirnos a nuestras bicis y continuar por una “huella” de auto que avanza en dirección este, son aproximadamente 3 kms desde que nos volvimos a subir a las bicicletas hasta que encontraremos un desvío que remonta por una quebrada en dirección sur. Este es nuestro camino, el que nos llevará en dirección a Lonquimay.

Fundo los guindos

Fundo los guindos

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Durante la quebrada, la mayor parte del tiempo deberemos empujar nuestras bicis, son cerca de otros 3 kms hasta el punto más alto, este último tramo tomará cerca de una hora más empujando (valen la pena, la recompensa no tiene precio). El descenso hacia el otro lado del valle es impresionante, la ruta perfecta de mountain bike, un pequeña huella de tierra de hojas compactada dentro de un hermoso bosque de lengas y a ratos con una vista panorámica de la cordillera y los valles. Cruzaremos pequeños ranchos de animales y acompañaremos el camino por los últimos kilómetros de la represa Ralco. En el kilómetro 113 nos volveremos a encontrar con el camino oficial y lugares junto al río donde podremos pasar la noche.
En la siguiente jornada avanzaremos unos kilómetros junto al río hasta llegar al pequeño pueblo de Troyo, aquí encontraremos un par de almacenes para abastecernos o hacer una parada por un pan o chocolate. Los próximos 10 kilómetros saliendo de Troyo, son duros, ripio, ascensos y descensos empinados, camino que a ratos deja y vuelve a las orillas del río. Seguiremos con nuestro compañero fiel de la ruta, el bío bío hasta la balsa del sector Rahue, es importante saber los horarios del balseo. De lunes a viernes de 9:00 a 18:00 y fines de semana de 10:30 a 12:00 y de 16:00 a 18:00. Si lo que queremos es pasar un día en una cabaña o camping establecido, nuestra opción será no tomar el desvío hacia el balseo, sino seguir el camino hasta Lonquimay. Esta opción son 20 kms más, pero es buena tenerla en cuenta si es que necesitamos abastesernos de alimento u alguna otra cosa.
Seguiremos rumbo hacia Icalma, en el sector de Lolén podemos pasar la noche en un camping o buscar algún lugar tranquilo junto al río. Volvemos a avanzar algunos kilómetros por pavimento, este camino es un importante paso desde Chile a Argentina, así que encontraremos camiones grandes que pasan junto a nosotros empujándono y echándonos a un costado, son 25 kms desde Lolén hasta la Audana de Pino Hachado donde tomaremos el desvío por un camino de ripio que nos llevará a Icalma (km 214) y a ver nuestras primeras araucarias.

Icalma

Camino a Icalma

Icalma
Icalma es un pueblito de frontera metido en una pequeña cuenca. Montañas verdes y escarpadas, araucarias que recortan el horizonte, la calma del lago, el olor a leña, las hospitalidad y buena onda de la gente hacen de este paraíso, el lugar perfecto para pasar un par de noches de descanso. Durante los meses de Enero y Febrero, Icalma recibe un importante número de viajeros, así que si buscamos estar más aislados, recomendamos los camping que se encuentran en los alrededores del pueblo. A solo 4 kms se encuentra el límite con Argentina, podemos hacer un paseo por el día con nuestras bicis al pueblo de Villa Pehuenia que está a solo 16 kms de Icalma. Pueblo turístico ubicado a orillas del lago Aluminé que cuenta con amplia oferta de restaurantes, cabañas y camping.

Saliendo de Icalma con rumbo oeste a los 10 kms encontraremos una pequeña cuesta con unos 3 kms de de subida y 12 kilómetros de una fuerte bajada. Las curvas son cerradas, hay calamina y el ripio a ratos suelto.
Si necesitamos abastesernos, podemos hacer un desvío (y luego volver, son 3kms) hasta el pueblo de Melipeuco, de lo contrario tomamos el camino que nos lleva hasta la portería de el parque nacional Conguillío. Hasta este punto el camino está recién pavimento y tiene poco transito. Antes de la entrada al parque hay algunos camping y buenos sitios para pasar la noche. La entrada el parque cuesta 2000 pesos, los precios varían para niños, tercera edad y extranjeros, podemos encontrar toda la información en el sitio web oficial. El costo del camping oficial del parque (sector laguna conguillío), tiene un costo de 5000 p/p.
Nos llamó mucho la atención, con el nivel de importancia de este parque y el número de visitantes que recibe año a año, las indicaciones e información son confusas. CONAF está a cargo de la administración y existe una concesionaria a cargo de las cabañas y camping. Las flechas se cruzan y en ocasiones no llevan a ninguna parte. En la ruta para descargar encontrarás el lugar exacto donde se encuentra el sector de camping.

Panque Nacional Conguillío

Parque nacional Conguillío

Foto noctura, Sierra nevada, Conguillío

La belleza de este parque también lo hacen un muy buen lugar para pasar a lo menos un par de días descansado y disfrutando de los múltiples senderos que ofrece. La flora es diversa y las araucarias inundan el paisaje que a ratos se corta abruptamente por los lagos y los escoriales (ríos de lava) que dejó el Llaima, volcán que nos acompaña en toda nuestra ruta por el parque.

Nuestra última jornada y el fin de nuestro viaje nos llevarán a Curacautín. El camino desde el camping del parque conguillio hasta el pueblo de Curacatín son 40 kms con un descenso de 800 metros. Según la época del año, recomendamos hacer este tramos durante la mañana, ya que en las tardes se levanta viente y pueden hacer más pesado nuestro salida.

Montañas, más montañas y Lalibela.

Nueve días pasamos en Addis Abeba, la capital etíope. Tramitando las visas para Sudan y Egipto, los últimos dos países que visitaremos de África. Días que aprovechamos deleitándonos con la buena comida local y algunos platos heredados de la corta pasada de los italianos por este país. Etiopía por lejos es el país mas barato que hemos visitado en África, un café, que incluye todo el rito: lavado del grano, tostado, molido (en mortero) y cocinado, te cuesta 50 pesos chilenos (y unos 45 minutos si llegas cuando están comenzando con la ceremonia). Puedes dormir por menos de tres dolares y comer por uno. Bueno, como en todas las capitales los precios suben, así que en Addis Abeba nos instalamos en pleno barrio de putas, donde nos costó darnos a entender que solo queríamos una pieza que no incluyera ninguna clase de servicios ni acompañante.

Cafe Etiopeinjera

Salimos de Addis Abeba en dirección al lago Tana, a unos 700 kms. Si uno mira un mapa con relieves de África, se ven leves cambios de tonos en casi todo el continente, exceptuando Etiopía, una mancha oscura, que refleja la elevación del país y la infinidad de cerros, valles y quebradas, un desafío para las bicicletas que te pone nervioso de solo mirarlo. Como en casi toda nuestra pasada por los países africanos, llegamos en plena época de lluvia, tema que hasta aquí no había sido un gran problema, pero en Etiopía las lluvias son todos los días, fuertes y frías. La tierra parece que no drenara por ninguna parte y después de las lluvias todo se transforma en un barro pegajoso que dura días y que si cometes el error de atravesar con la bicicleta te metes en un negocio que te puede costar un par de horas de limpieza. La altura promedio por donde van los caminos es de unos 2000 mts con quebradas que desciendes hasta 1200 mts y cerros donde se sube sobre los 3000 mts. Es un placer (suena un poco masoquista, pero no lo es) pedalear por los cerros, las perspectivas, disfrutar de las bajadas, los campos, Etiopía es un país agricultor y los campos de cultivos se ven hasta en las laderas más escarpadas. Escuchas en todas partes los látigos de los campesinos que están arando la tierra con sus vacas y el de los niños que sacan a pastar a los animales que al verte comienzan a gritar “Money, money” y a dar un festival de latigazos que a veces te agarran desprevenido y te dan un gran susto (esta sí podría ser la parte masoquista, pero por suerte tampoco lo es). El gran desafío fue la quebrada del Nilo Azul, el primer encuentro con este río que en los próximos países nos acompañará hasta nuestra salida al Mediterráneo. Es un descenso increíble por un camino lleno de curvas, donde en 20 kilómetros desciendes 1600 mts, y que al cruzar el puente comienza la dura tarea inversa que nos tomó 4 horas hasta llegar a la parte más alta.

Bajada al valle del nilo azul

El gran misterio de este país, es el agua. Llueve en abundancia y los 2000 kms que recorrimos fueron casi completamente por zonas verdes. En las pensiones donde alojamos, las llaves de agua son decorativas y en todas te encuentras en tu pieza con una botella plástica de un litro y medio que te tiene que alcanzar para beber y lavarte, y si te atreves a pedir un relleno de botella lo único que te llevas a cambio es una mala cara. En las villas y en los campos, ves a la gente cargando por kilómetros los bidones de agua. En las zonas más pobres todavía se ve a las mujeres cargando el agua en tinajas de greda que con certeza pesan más que el contenido. Quizás el tema del agua es un tema de recursos o quizás educación, no lo sé, pero en este país prácticamente no vi escuelas a orillas de camino ni niños caminando a las escuelas.

me veo bien???Camino a Gonder, Etiopía

Después de dos semanas de montañas escarpadas y de un país y caminos escénicos, llegamos a Lalibela (2600 msnm). Patrimonio de la humanidad, construido en el sigo 12 por un rey que su obsesión era construir “la nueva Jerusalem”, y que sus intenciones fueron bien logradas, porque hoy habla del lugar histórico sagrado más importante de la Iglesia Cristiana Ortodoxa. Son 11 iglesias que el mismo rey diseñó y que fueron cavadas en la roca. Toda la construcción fue pensada a la inversa de un edificio convencional, comenzaban con los techos y al cavar hasta la altura de las ventanas, comenzaban con los detalles interiores. Las iglesias están en perfecto estado y todos los días llegan cientos de peregrinos, curas y monjes ortodoxos a rezar. Personalmente no tengo mucho aguante de tiempo con los monumentos históricos, pero este lugar me atrapó, pasamos un día entero y volvimos al día siguiente (y volvería a ir), porque no te dejas de sorprender, los túneles, la gente, la energía del lugar es maravillosa.

Iglesia de Saint George, Lalibela, Etiopía

Iglesia Saint George, LalibelaCura de LalibelaIglesia Saint George, Lalibela

Dejamos Lalibela y nos fuimos unos 400 kms al este a las Simien Mountain. El plan hacer trekking por unos días, estirar las piernas y ver a los famosos babuinos gelada, pero lamentablemente el mal tiempo no nos dejó. Estuvimos dos días esperando a los pies de cerro que la lluvia parara, pero no tuvimos una sola ventana de buen tiempo. Finalmente retomamos la bici y empezamos el largo y rápido descenso de los cerros y a dejar atrás las lluvias, los campos verdes, el frió, que mágicamente en 200 kms se trasforman en pampa, sequedad y calor, la frontera con Sudán.

Camino a la frontera con Sudán, Etiopía

Niña etíopeP1100839P1100869

Visas para chilenos en África

Aquí les dejo algunas recomendaciones y el detalle de cómo fueron los tramites para conseguir las visas en los países Africanos que visitamos.

Cosas que hay que saber

  1. Las visas generalmente en África son un tema, más aún para los chilenos. Nuestro país no maneja mucha relaciones políticas y comerciales con África, así que Chile casi siempre figura al final de la lista.
  2. Es bueno considerar en tu itinerario de viaje, los días y la plata que te tomará conseguir las visas. En los 12 países que visitamos, solamente en 3 conseguimos las visas en la frontera, el resto de los países fue por medio de embajadas. En nuestro año de viaje, estuvimos cerca de un mes en las capitales tramitando visas. No es tiempo perdido, siempre es un buen momento para aprovechar de recorrer la ciudad y comer bien.
  3. Es bueno llamar y ojalá visitar la embajada para pedir la información de las visas. Los chilenos en casi todos los países de África tenemos requisitos distintos que los Europeos y los países grandes. No confiarse si otro extranjero te dice que para un país no se necesitan visas, es muy probable que los chilenos necesitemos para ese lugar. Recomiendo visitar las embajadas he ir a preguntar personalmente. Cuando llamas por teléfonos, y tu le dices que eres chileno, algunas veces creen que Chile está en Europa y no te dan la información correcta.
  4. No todas las embajadas manejan los mismos tiempos y precios. Por ejemplo, si quieres sacar la visa para Sudán en la Embajada de Sudan en Kenya te tomará dos días, y si lo hacen en la embajada de Sudán en Etiopía, puede tardar un mes. Recomiendo ir averiguando con anticipación este tema, porque en ocasiones cuando te encuentras en un país que comparte frontera al que quieres viajar, es más lento.

Detalle para cada país

  •  Sudáfrica: Los chilenos no necesitamos visa. Te timbran el pasaporte en la frontera o aeropuerto de llegada y te dan 90 días.
    Si vuelas desde Chile a Sudáfrica, la aerolínea te controla si cuentas con un vuelo de regreso o uno de salida a otro país dentro de 90 días, de no cumplir con esto, no te dejan embarcarte en el avión. Además la aerolínea te controlará el certificado de la fiebre amarilla.
  • Namibia: Cuesta 40 USD aprox. Nosotros la sacamos en Cape Town (Sudáfrica) y tardó 3 días. Valida por 90 días. Sitio web Consulado de Namibia en Cape Town.
  • Botswana: No hay que pagar ni hacer tramites por adelantado. Te timbran el pasaporte en la frontera. Valida por 90 días.
  • Zimbwawe: Hay que sacarla por adelantado. Tarda 7 días hábiles el tramite y 50-60 USD aprox. Válida por 30 días. Nosotros la sacamos en Windhoek, Namibia.
  • Zambia: A la llegada. Cuesta 50 USD que hay que pagar en la frontera. Válida por 30 días.
  • Malawi: Hay que sacarla por adelantado. Toma 3 días hábiles el tramite y cuesta 150 USD. Válida por 30 días. Nosotros la sacamos en Lusaka, Zambia.
  • Mozambique: Se puede obtener en la frontera o por adelantado (esta opción es un poco más barata). Nosotros la tramitamos en Lilongwe, Malawi. La entregan en 24 hrs y cuesta 50 USD. Válida por 30 días.
    Durante el último tiempo Mozambique ha estado recibiendo un alto número de inmigrantes. Hay posibilidades de que te rechacen la visa en la entrada, por esta razón es recomendable sacar la visa por adelantado.
  • Tanzania: A la llegada. Cuesta 50 USD que hay que pagar en la frontera. Válida por 90 días.
  • Kenya: A la llegada. Cuesta 50 USD que hay que pagar en la frontera. Válida por 90 días. Sitio web Embajada Kenya en Tanzania.
  • Etiopía: Cuesta 25 USD. Válida por 30 o 90 días esto dependerá del tiempo que solicites y lo quiera darte la persona encargada. Nosotros la sacamos en Nairobi, Kenya y la entregan en el mismo día. El tiempo de esta visa comienza a correr desde la fecha de emisión y no en la fecha de entrada al país.
    La dificultad para obtener la visa para este país depende de la situación política actual en Etiopía. En nuestro caso todo el tramite fue muy fluido, teníamos referencias de que podía ser complejo. Normalmente solicitan una “carta de introducción”, la que se puede pedir en la Embajada de Chile en Kenya.
  • Sudan: La tramitamos en Addis Abeba, Etiopía. Nos costo 93 USD. Es una visa de transito, válida solo por 15 días, te piden como requisito tener la visa para Egipto ya en tu pasaporte. Es posible tramitar una visa de turismo para Sudán en esta embajada, pero tarda un mes el proceso.
    Es mejor hacer todos los tramites de visa para Sudan en Nairobi, Kenya. El tramite es más fácil y ágil que en Etiopía. La visa de turismo cuesta 60 USD y tiene valides de 60 días.
  • Egipto: Se puede obtener por adelantado en la llegada al país. Nosotros la sacamos en Addis Abeba, Etiopía, nos tomó 3 días hábiles el tramite y cuesta 30 USD. Válida por 60 días, multrientrada.

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Nueva compañera de viaje

Conocimos a Cristina en nuestra pasada por Isla de Mozambique. Se mudaron junto a su madre a este increíble lugar hace más de dos años. Juntas están echando adelante un proyecto de una escuela, donde imparten cursos principalmente artísticos para la comunidad local con la ayuda de voluntarios que llegan de todas partes. Después de la invitación que nos hicieron a quedarnos en su casa por un par de días, que fue extendida y también motivada por nuestras ganas de quedarnos, pasamos 12 días compartiendo junto con ellas en Isla de Mozambique.

Cristina lleva más de 10 años recorriendo distintos países de África y cómo fotógrafa tiene un material increíble de sus viajes y reportajes que ha hecho en el continente. Motivada con nuestros historias de la bicicleta, decidió unirse a nuestro viaje y un mes después de que nos despedimos en Mozambique, partió a nuestro encuentro en Moshi, Tanzania.

Algunos países africanos importan bicicletas de segunda mano desde Europa y Medio Oriente. Si te das el trabajo de buscar, puedes encontrar una buena bicicleta usada por poca plata. A la llegada de Cristina a Tanzania, recorrimos todos los locales de bicicleta que tenía Moshi. Ahí estaba la elegida, al fondo de un local, bajo otras 30 bicicletas. Tenía todo lo que andábamos buscando y el tamaño  perfecto. Para un viaje en bicicleta no es necesario contar con un bici de USD 2.000, aquí está la prueba. La bicicleta costó USD 100!

Comenzamos la ruta con nuestra nueva compañera de viaje a los pies del Kilimanjaro, dando la vuelta a la montaña que nos tomó una semana hasta la frontera con Kenya. Es el camino ideal para comenzar un viaje en bicicleta, las carreteras son buenas y poco transitadas, el paisaje varía todo el tiempo entre valles verdes, extensas explanadas semiáridas, con baobabs y acacias (la clásica imagen del rey león) con vista permanente al Kilimanjaro, todo con la compañía de los Masáis que pastorean y viven en esta zona.

CAminos en Tanzania

Tres días más nos tomó desde la frontera cruzando por tierras Masáis para llegar a Nairobi, la capital de Kenya. Aquí hicimos una parada de una semana. Teníamos que tramitar la visa a Etiopía, que no es cosa fácil y la bicicleta del Benja y la mía pedían una limpieza y mantención después de los 2 meses por caminos arenosos y ambientes salinos. Hicimos cambio de neumáticos, después de 9000 kms (+1 para Schwalbe) y la mantención la hicimos con los Safari Simbaz. Este es un proyecto creado por David, un keniano ciclista que ha participado en equipos de ciclismo en Europa y que decidió volver a su país para montar esta idea que consiste en ayudar niños de su villa enseñándoles los valores del deporte, el emprendimiento y el trabajo en equipo a través del mundo de las bicicletas, dándoles una herramienta, que en la mayoría de los casos termina en un estilo de vida. Muchos de los niños viven en la casa del proyecto que está transformada en taller, plagada de bicicletas que traen y reciben de donaciones. Es el único lugar de Kenya y el centro de África donde puedes encontrar buenos repuestos. Gran parte de los ciclistas kenianos salen de aquí. David los acompaña a pedalear todos los días, los motiva y les da la energía de grupo, es un personaje que te acoge y te da buena onda desde el primer minuto. Pasé un gran día aquí, viendo este proyecto, aprendiendo y recibiendo ayuda, es impresionante lo que saben y el buen que trabajo que hacen. Nosotros y nuestras bicicletas lo agradecemos!

Una de tantas invitaciones a comerMasai inflando rueda

En Nairobi nos volvimos a encontrar con Martín, nuestro amigo argentino que llevaba un año y medio recorriendo África en moto y que en este lugar terminaba su travesía. Martín esperaba en estos días visitas de amigos argentinos. Cristina por su parte recibía de visita a su madre, su hermano y Eloisa, una brasileña que también vive en Isla de Mozambique. Es un poco enredado explicar todos los orígenes, pero finalmente eramos un grupo de 10 personas, que venian de Argentina, España, USA, Isla de Mozambique y Chile. Habíamos planificado pasar 10 días juntos recorriendo Kenya y disfrutar de la buena compañía y mesa. Da para mucho, así que espero contarles en otro post de lo bien que lo pasamos juntos y los lugares que recorrimos.

El norte de Kenya recibe cada tanto a grupos de los famosos piratas somalies, que cruzan la frontera ilegalmente y dejan algún estrago con bombas, saqueos y asaltos a vehículos que se dirigen a la frontera con Etiopía. Por esta razón y luego de muchas recomendaciones, decidimos saltar la zona conflictiva y tomar un bus unos 400 kms al norte de Nairobi al pueblo de Lodwar. Esta área de Kenya se encuentra a 300 msnm, alejada de las montañas, lo que la hace una región super seca y calurosa. Existen dos rutas para entrar de Kenya a Etiopía, la clásica pavimentada y por supuesto más transitada, y una segunda, que no figura en los mapas, con poco tránsito y una huella de 120 kms de arena suelta. Optamos por la segunda. La razón, conocer el lago turkana y la brillante insistencia de Cristina de entrar por ese camino que nos llevaría derecho a las tribus que se encuentran en el sur de Etiopía, donde ella había pasado algunos meses trabajando en un reportaje y viviendo en las tribus.

Empujando en caminos arenosos en la zona del turcana

Es un hecho que los caminos secundarios muchas veces uno le hace el quite con la idea de llegar antes y evitar el mal estado de los caminos, pero también es cierto que cada vez que hemos optado por esta opción, han sido los caminos más lindos que hemos pedaleado. Recorrimos los 200 kms desde Lodwar hasta la frontera sin toparnos con mucha gente, bajo un sol infernal, empujando nuestras bicicletas varías horas al día porque la arena no nos permitía pedalear y avanzando no más de 40 kms diarios. Lo único que encontrábamos eran las pequeñas villas de la tribu de los turkana, que fueron nuestra salvación abasteciéndonos de agua. Después de 5 días de duro camino, cruzamos la frontera. No existen controles de inmigración en esta frontera, habíamos timbrado la salida dos semanas atrás en Nairobi, y la entrada en Etiopía la timbraríamos en el pueblo de Omorate a 30 kms al norte de la frontera. Los únicos controles de frontera, son puestos militares de cada lado.

Lago Turkana, Frontera Kenia-Etiopía

Frontera Kenya EtiopíaFronteras abandonadasÚltimo puesto de control en Kenya

Omorate, era nuestra primera parada en Etiopía, una familia de la tribu de los Dassanach, donde Cristina había vivido dos meses. Nuestra llegada fue totalmente sorpresa para ellos, tan agradecidos con la visita, que Ikale, el jefe de la familia que vive ahí junto a sus tres mujeres y cerca de 20 niños, sacrificó una cabra y organizó un festín para la noche. Ni una lengua en común ni palabra, es un ejercicio hacerte entender a señas, gestos, ruidos, y dibujos en la tierra. También es para un post aparte contarles la experiencia que es ver cómo viven las tribus, lo alejado y distinto que es a nuestro estilo de vida. Todo corre en función a la familia. Los niños hombres son los encargados de salir temprano en la mañana con una botella de 2 litros de agua bajo el brazo y con 40 grados de calor a pastorear a las cabras, el patrimonio de la familia. Las mujeres se encargan de los más pequeños, cooperando con los hijos de todas y la alimentación. El calendario corre en función de las crecidas del río y la preocupación es que a la hora del baño en el río no aparezca un cocodrilo.

tribu darsenetchtribu darsenetch

Después de nuestra visita a la tribu de los Dassanach, seguimos camino hacia el pueblo de Turmi a 80 kms, tierra de la tribu Hamar. Visten cueros, y se pintan la cara y pelo con barro rojo. Los Hamar son conocidos por una ceremonia llamada “Bull jumping”. Esta ceremonia se organiza previa a un matrimonio y comienza con los latigazos a las mujeres de la familia del futuro marido. Los latigazos demuestran la valentía, fuerza y el apoyo de las mujeres de la familia. Son decenas las mujeres latigadas en cada ceremonia. Durante todo el rito, mientras esperan ser azotadas, las mujeres de la tribu están reunidas saltando con cascabeles metálicos amarrados a las piernas y cinturas que en conjunto dispara un sonido que ensordece y las induce al trance que al parecer las ayuda al momento de los latigazos. La sangre, el sudor y el barro se mezclan y caen por sus espaldas. En ningún momento vi caras de dolor mientras eran azotadas. El segundo momento de la ceremonia es el salto de los toros donde el pretendiente demuestra a la tribu su madurez, hombría, fuerza y agilidad saltando ida y vuelta, desnudo sobre los lomos de toros puestos en fila. La tribu evalúa al pretendiente según el número de caídas que tenga en una de las 4 pasadas que hace. Un buen hombre es aquel que cruza limpiamente en todas las pasadas.

tribu hammertribu hammerBull jumping

Luego de una semana en tierra de tribus al sur de Etiopía, nos fuimos a el pueblo de Arba Minch, el más grande del sur de Etiopía. Este país es pura montaña, y en este trayecto nos quedó claro en días que tuvimos que pedalear desniveles de más de 1500 mts. Era la prueba y despedida de Cristina. Fueron casi 2 meses de compañía, buena onda, alegría y la demostración que para hacer un viaje de este tipo, lo único necesario son ganas y una bicicleta.

Pemba y la vuelta al continente

Antes de embarcarnos a Pemba, hicimos todas las averiguaciones de cómo podríamos volver al continente desde este lugar. Esta isla esta ubicada unos 200 kms al norte de Zanzíbar y el ferrie de carga que conecta las dos islas, toma la noche entera en llegar. Nos habíamos comprometidos con amigos de celebrar mi cumpleaños en Moshi, un pueblo que se encuentra en la base del Monte Kilimanjaro al norte de Tanzania. Ellos viajarían hasta ahí, así que no podíamos fallar. Si no teníamos regreso al continente directo desde Pemba, no llegaríamos en la fecha porque tendríamos que volver hacia Zanzíbar y de ahí cruzar a Dar es Salaam, que significaría 300 kms más en la ruta hacia Moshi.

Partimos a Pemba sin la certeza de que ahí encontraríamos algo para volver. Nos habían comentado que existían dhows (pequeñas botes a vela) que hacían el trayecto, pero nadie fue capaz de darnos fechas ni lugares de salida. Decidimos hacer el riesgo, visitar Pemba y esperar que la suerte estuviera de nuestro lado.

Fue un acierto el cruce, Pemba es una Isla geográficamente muy parecida a Zanzibar pero con la gracia de que no está explotada turísticamente, los locales no hacen el amague de sobre cargarte con los precios y puedes disfrutar de la playas sin dudosos Masais vendiéndote paseos turísticos y un lote de Mzungus jugando voleyball en la arena que interrumpen la tranquilidad y la vista.

Es un placer contar con la bicicleta en lugares como este, los caminos que conectan la isla de un lado a otro estan en buen estado, rodeados de una vegetación húmeda tropical y con caminos que suben y bajan todo el tiempo pequeños cerros, que a ratos te dejan ver una panorámica de la isla.

caminos pembaCamino a las playas del norte de pemba

En uno de los tres pueblos de Pemba conocimos a Dave, un norteamericano que trabaja como voluntario para Peace Corp hace dos años. Cuando nos vio en nuestras bicicletas se acercó curioso a hablarnos. Terminamos almorzando juntos y con una invitación a quedarnos en su casa que nos sirvió como punto base para instalarnos y hacer paseos por el día dentro de la isla.

Camino al colegio

Después de tres días recorriendo la isla, teníamos que partir. Fuimos a probar suerte en el puerto que tiene el pueblo de Wete, donde nos encontrábamos alojando. Todos los puertos de esta isla, no son más que un pequeño muelle de concreto donde no hay más de 6 dhows preparándose para salir al continente para llevar pasajeros y traer carga en su regreso. Junto al muelle hay un container que hace de oficina para el jefe de puerto y un encargado de inmigración. Pemba es parte del Archipiélago de Zanzíbar, al igual que este, dependen políticamente de Tanzania, pero mantienen soberanía, son tierras semi autónomas, es por esto que cuentan con control de inmigración en cada puerto de las islas. Fuimos al container a hablar con los encargados, pedir información de las próximas salidas y el permiso para embarcarnos. Nos explicaron que no era posible que extranjeros se subieran en estas embarcaciones porque no contaban con las medidas de seguridad (después nos daríamos cuenta de lo que nos hablaban). Insistimos durante un rato, excusándonos de nuestro reducido presupuesto y urgencia que teníamos por llegar al continente. En el momento que habíamos desistido y decidido ir a probar suerte a otro puerto de la isla, nos pararon y nos dijeron que todo se podía arreglar con dinero. La cifra que nos estaban pidiendo para autorizarnos a salir, estaba totalmente fuera de nuestro presupuesto, así que nos movimos 30 kms al sur, a Wesha, otro pequeño puerto. Esta vez decidimos ir a hablar directamente con los capitanes de cada bote y negociar. Llegamos a un acuerdo con uno de ellos y nos subiríamos en su bote en el viaje que tenía programado para el día siguiente. Perfecto!. Dormimos a orillas del puerto y a la mañana siguiente levantamos campamento y preparamos todo para la partida. Mientras estábamos en el muelle esperando que el capitán y su equipo terminaran de preparar el bote, apareció el encargado de Inmigración. Nos repitió el discurso y no explicó que no podíamos subir. Ahí comenzó una larga negociación que duró unas dos horas y terminó en una comisión para el encargado de puerto, otra para el de inmigración y un compromiso de nuestra parte de guardar silencio.

Según ellos el viaje duraba entre 4 a 6 horas. La isla está a unos 80 kms del continente. El capitán prendió el motor de 15 hp para salir de la bahía y luego de unos 30 minutos a motor, los 5 acompañantes, mas otros pasajeros locales comienzan una enredada y rápida maniobra de colocar el mástil y velas en posición, todos vuelven a sus lugares y el capitán tira de una cuerda que corta todas las amarras de pasto que sujetaban la vela que en dos tiempos se abrió al viento. Sorprendente la herencia, supongo que de los antiguos navegantes portugueses, las técnicas de navegación y lo artesanal de todas las partes del bote. A las 4 horas de navegación a vela nos encontrábamos en la mitad del Océano en un bote artesanal de unos 10 metros de largo, sin medidas de seguridad y sin ver tierra en ninguna dirección. Ahí caímos en la cuenta que el viaje duraría al menos el doble de tiempo que nos habían dicho.

Preparando velas para el comienzo del viaje

Camino al continente

capitán timoneando

Llegamos a la costa del pueblo de Tanga, en el continente, a las 11 de la noche, con marea baja, así que el bote no tuvo posibilidad de llegar hasta el muelle. Plena oscuridad, salvo por una pequeña luna que algo iluminaba. Estábamos a unos 500 metros de la orilla. El capitán hizo unos silbidos y a los 10 minutos aparecieron dos canoas. Nuevamente a negociar para que nos llevaran hasta la orilla. Nos subimos con las bicicletas y alforjas a las canoas, alcanzamos a avanzar no más de 200 metros hasta hasta que la poca profundidad del agua nos estancó. El encargado de la canoa nos miró y nos hizo entender que hasta ahí llegaba su trayecto. Nos bajamos, nos echamos las alforjas al hombro y ellos cargaron con las bicicletas. Teníamos el agua hasta las rodillas, caminamos con un cuidado inútil de no pisar un erizo y con el susto de que algo cayera al agua en plena oscuridad. Finalmente pisamos arena ceca, no saben lo bien que dormimos esa noche.

Al día siguiente salimos de Tanga pedaleando con rumbo noroeste hacia Moshi, mirando atrás, despedíamos del mar y sabiendo que nuevamente no lo veríamos en un buen tiempo. Teníamos cuatro días para llegar, al tercer día de pedaleo se comenzó a sentir la presencia del Kilimanjaro con largas subidas. Al final de esta jornada las nubes se abrieron para regalarnos un minuto de la inmensa e imponente cumbre que en las siguientes dos semanas de viaje se dejaría ver desde distintos lugares.

Plazas de pembaplaya pembaClásicas embarcaciones a velaPlaya de pemba, somos pocos en bici

De Isla de Mozambique a Zanzibar

7 días más de lo planeado para poder dejar Isla de Mozambique. Durante la última semana en este lugar, cada noche teníamos una conversación para decidir sobre nuestra partida y en esta conversación la decisión era que la largada sería al día siguiente. Por algún buen motivo, siempre se veía postergada. Por suerte teníamos como pié forzado nuestras visas que tenía una duración de 30 días. Cuándo finalmente logramos subirnos a las bicicletas y cruzar el puente de 4 kilometros que conecta la isla con el continente, caímos en la cuenta que la ruta que queríamos seguir hasta dejar Mozambique tenía cerca de 1000 kilómetros y un par de paradas en algunas playas. Itinerario imposible en los 7 días restantes que nos quedaban de visa. Los primero dos días después de dejar la isla, avanzamos 100 kilómetros de regreso por un camino ya recorrido, todo esto para empalmar con la ruta N1 que nos llevaría hacia Tanzania.

Aún cuando decidiéramos irnos directos a la frontera, los días no eran suficientes, así que nos hicimos alado del camino y comenzamos a parar camiones que iban en esa dirección. Después de un par de horas estábamos pasando los 40 grados de calor en una cabina de camión, donde la sensación térmica era muchísimo mayor y compartiendo el reducido espacio con el chófer y 5 personas más. Nos dirigíamos rumbo a Moçimba de Praia, a unos 400 kms. Más que un tema de orgullo, los viajeros en bicicleta evitamos este tipo de situaciones por muchas razones, por un lado siempre es más cómodo la bicicleta, disfrutar la ruta, tener independencia y por otro lado la preocupación de subir las bicicletas y 5 bolsos todos por separados con la idea que en cualquier momento pueden desaparecer o caer de alguna forma.

Después de una noche en Moçimba da Praia, tuvimos un productivo día de pedaleo de 130 kms sobre un camino de tierra y arena compacta hasta la frontera con Tanzania. Pasamos la noche alado de la oficina de inmigración,  al día siguiente timbramos la salida en los pasaportes y fuimos al embarcadero para esperar el ferrie que cruza el río Ruvuma que divide los países de Mozambique y Tanzania.

La carretera sigue todo el tiempo cercana a la costa y separa la frontera de unos 700 kms de Dar es Salaam, la capital de Tanzania. Comenzaba abril y nosotros comenzábamos a avanzar en este país. Este es el mes del año mas lluvioso en esta zona, caen más de 400ml de agua. La suerte estuvo de nuestro lado, tuvimos un par de lluvias fuertes en el camino, pero siempre tuvimos algún techo/árbol donde refugiarnos. Los viajeros evitan esta zona durante las épocas de lluvia, que a juicio personal es un gran momento para recorrerlo, todo está verde y además puedes disfrutar de los precios de la temporada baja.

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Camino a Dar es Salaam

Este video lo grabé hace casi dos meses. Me hubiera encantado poder subirlo antes pero acá en África es difícil encontrar conexiones que permitan darse esos lujos.

El video esta grabado en una ruta que corre paralela al océano indico. Fueron cerca de 800 kms desde Moçimba da Praia en Mozambique hasta Dar es Salaam en Tanzania. Han sido de los tramos mas calurosos que nos han tocado, la gran mayoría de los días tuvimos temperaturas sobre los 40º y con una humedad que nos tenía tomando entre 6 y 8 litros de agua diarios.

De vuelta al mar

Hace poco más de 4 meses (y 5000 kms) fue la última vez que vimos el mar. Nos encontrábamos en la costa Atlántica del continente, en Skawopmund, un exclusivo balneario de la costa de Namibia. Ahí conocimos a Martín, un argentino que lleva recorriendo el continente africano en su moto hace cerca de un año. Pasamos 4 días memorables de playa, risas y buenas historias en torno a la cocina y la parrilla.

Nuestras rutas seguían en distintas direcciones pero estaba todo dado para encontrarnos nuevamente en Botswana, así que fijamos celebrar ahí navidad juntos. Una navidad de antología: otra vez reunidos entorno a la parrilla y con nuevas historias para contar. Luego de algunos días nos despedimos de Martín sin saber si nos volveríamos a encontrar.

Entramos a Mozambique por la localidad de Milanje, un pequeño pueblo que se encuentra en la frontera con Malawi. Nos emocionamos cuando escuchamos al policía de frontera preguntarnos -Bom día, ¿Cómo está?-. Cualquier factor que facilite la comunicación en estos lugares en bien recibida y un idioma cercano al español como el portugués se agradece infinitamente. Mozambique fue colonia portuguesa hasta 1975, el idioma oficial es el portugués y al igual que muchos países de África, después de las independencias, optaron por dejar cómo idioma oficial el heredado de las colonias. Un punto a favor para las colonias europeas en África, porque hoy es una herramienta fundamental para que la comunicación entre las diferentes culturas que existen en cada país.

Apenas entramos en Mozambique, volvimos a ver edificios. Veníamos de Zambia y Malawi y en pueblos de la dimensión de Milanje, jamas te encontrarías con edificios y construcciones sólidas. Bueno, el tiempo y una guerra civil de 15 años pasaron sobre ellos, así que tampoco lucen de la mejor forma.

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De Victoria Falls a Lilongwe

En las últimas dos semanas en Botswana los animales nos cambiaron el sueño y nos tenían lo suficientemente nerviosos durante las horas de pedaleo para continuar por otro país donde los animales circulan libremente. A eso hay que agregar lo que significa cruzar por un país donde en todas partes intentan sacarte algo de dinero. Fue por esto que cambiamos nuestros planes iniciales de cruzar hacia el este por Zimbabwe y decidimos hacerlo por Zambia.

Muchos viajeros que encontramos en la ruta, nos habían hablado de la corrupción en que está envuelto Zimbabwe. Robert Mugabe gobierna este país desde 1980. La reforma agraria que aplicó en los 80, y la mala administración de la minería fueron alguno de los factores que provocaron la crisis y la hiperinflación que sufrieron a finales de los 90 y de la que aún no se recuperan. La moneda de cambio hoy es el dólar americano, y solamente existen billetes, así que si te tienen que dar vuelto, puedes elegir una cajetilla de cigarros o cualquier producto que el vendedor tenga a mano.

Cataratas de Victoria

Aún así, hicimos un cruce de 80 kilómetros en Zimbabwe aprovechando que ya teníamos nuestra visas (y que nos había tomado 12 días conseguirlas), desde la frontera con Botswana hasta las Cataratas de Victoria. Alcanzamos a avanzar unos pocos kilómetros para pasar por los famosos controles policiales. Estábamos advertidos de que una vez que entregas tu pasaporte, solo puedes recuperarlo a cambio de unos dólares. Saqué el pasaporte de mi alforja y sujetándolo sin ninguna intención de entregarlo le mostré al policía el timbre que me habían puesto hace un rato en la frontera. Nos comenzaron a preguntar sobre nuestro permiso para circular en bicicleta -no habíamos escuchado que existía, y tengo mis dudas de que así sea-, era evidente que querían sacarnos algo de dinero. No vacilamos un segundo, nos mostramos firmes todo el tiempo y nos dejaron continuar con nuestro pedaleo hacia las cataratas.

Cataratas de Victoria

Estábamos a unos 10 kms de llegar al puente que cruza de Zimbabwe a Zambia y donde se encuentran las Cataratas de Victoria y ya se veía la gigante nube de agua que levanta el viento desde las enormes caídas de agua. Pasamos tres noches en este lugar, una en el lado de Zimbabwe y dos en Zambia. Cada país tiene un pequeño pueblo al lado de la frontera, que transforman este espectáculo natural en un mercado donde los ciclistas cruzan el puente de un país a otro con sus bicicletas cargadas de provisiones.

Frontera entre Zambia y Zimbabwe

Zambia está lejos de ser un destino turístico dentro de África. Los turistas que llegan, solamente visitan las cataratas y siguen sus viajes por otros países del continente. Nos esperaba un cruce de 1200 kilómetros de este a oeste por este país, y como acertadamente nos comentó un alemán en la dirección que vamos cada vez que cruzas una frontera, piensas “wow!, esto sí que es África”. Aldeas de ZambiaDurante todo el trayecto por Zambia, no pasamos más de 30 kilómetros sin ver una villa. La gente está por todas partes, caminando por las carreteras o moviéndose en sus bicicletas de una villa a otra. Los niños cuándo te ven pasar corren hacia ti gritando “Mzungu! Mzungu!” (es la palabra que usan para referirse a los blancos). En los pueblos donde ha llegado la electricidad, la música suena a todo volumen. La carretera es un mercado sin fin donde todos venden el producto de sus cultivos: tomates, cebollas, paltas, mangos, naranjas y plátanos. Cada vez que hacíamos una parada de descanso, pasaban un par de minutos y nos encontrábamos rodeados de niños curiosos por los Mzungus que nos miran como si estuvieran hipnotizados. Para nuestros ojos, todo parece fuera de control, pero que en la vida de los Zambianos fluye en total armonía. Cuando el sol se esconde es como si todo lo que viste nunca hubiera existido o se lo hubiera tragado la tierra. El ruido de las ranas y los grillos se toma la noche. Zambia es sin duda un lugar donde se respira el ritmo del África que nos habíamos imaginado antes de partir este viaje.

Cada vez es más difícil encontrar un lugar solitario donde dormir. Nuestras noches en Zambia se repartieron entre los campos de la misma gente que nos dejaban acampar en sus terrenos o afuera de los consultorios médicos de cada pueblo. Pasamos una noche en el patio de una familia, que más que una casa normal, era una comunidad. El dueño de casa nos presentó a sus tres señoras, sus 25 hijos y los allegados, señoras/maridos e hijos de sus hijos.

Niño camino a Chipata, Zambia

Ciclista Zambiano

Camino a Chipata, Zambia

Hace tres días llegamos a Lilongwe, la capital de Malawi. El caos y la densidad de personas sigue en aumento, cerca del 50% de la población de este país tiene menos de 15 años. Podrán imaginar la cantidad de niños que se ven y se te abalanzan (es lo más cercano a ser un rock star). El verde está por todos partes, los cultivos de maíz, tabaco, la tierra roja y los bosques son una postal fascinante. Ahora partimos a conocer el lago Malawi y hacer un pausado recorrido de norte a sur por sus 500 kms de costa.

Fotos de Zambia

¿Tienen miedo a los animales?

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-¿Tienen miedo a los animales?- Desde que entramos a Botswana, cada persona que conocimos en la ruta, incluido los policías de frontera, nos hicieron esta pregunta al vernos sobres nuestras bicicletas. En un principio, nuestra respuesta era firme, segura y no daba cabida para el miedo, pero a medida que nos adentrábamos en este país y nos seguían repitiendo la pregunta, nuestra respuesta se alejaba a la que hubiera dado el cazador de cocodrilos.

Nuestro primer destino en este país fue Maun, un pequeño pueblo que se encuentra en el lado sur del Delta del Okavango. Llegamos a Maun después de un fuerte pedaleo de 8 días y 800 kms desde Windhoek, la capital de Namibia. Nos encontramos en este lugar con Martín, un Argentino que conocimos en la costa de Namibia y que lleva 8 meses recorriendo el continente en su moto, habíamos acordado pasar Navidad juntos en Maun y continuar con el rito de asados diarios que habíamos impuesto en nuestro primer encuentro en Namibia. Continue reading →