¡1000 kms!

¡Por fin arriba de las bicicletas! Cuánto tiempo  habíamos esperado este momento y ahora arriba de las bicicletas nos ataca el vértigo de dimensionar en nuestras mentes el tamaño del continente y la ruta que tenemos por delante. La salida de Cape Town fue una locura de cruces de autopistas -todas perfectamente señalizadas- entradas y salidas de la carretera todo esto sumado a la confusión y desorientación porque en este país se maneja al lado contrario que en el nuestro.

Nos dirigimos en dirección Sur-este, la idea era recorrer parte del “Garden Route”, ruta que conecta de lado a lado Sudafrica por la costa y llegar a L’Agulhas, un pequeño pueblo iluminado por su faro que marca el punto más sur del continente. Cuatro días nos tomó llegar a este punto, que está como a 300 kms de Cape Town. Bordeamos la costa durante todo el trayecto pasando por pueblos con una hermosa arquitecura y jardines verdes y floreados. De a poco caemos en la cuenta que estamos en este continente (aún no al 100%) cuando por el camino se cruzan monos, vemos algún tipo de ciervo en los cerros muy cerca del camino y en alguna parada de descanzo vemos una familia de ballenas jugando cerca de la costa.

Después de estar parados en el punto más austral de continente, decidimos dejar nuestras bicicletas por unos días para ir a visitar el “Addo Elephant Park”, muy cerca de Puerto Elizabeth, donde tuvimos nuestra primera experiencia safari al encontrarnos con cebras, leones, elefantes, jabalíes y una lista gigante de animales en su entorno natural.

Recuperamos nuestras bicicletas y nos dirigimos en dirección Norte, donde cambiamos el ambiente verde de los campos, viñedos y flores por las montañas de un desierto semi-arido de rocas y arbustos. El clima del desierto nos obligó a cambiar nuestros habitos de pedaleo. Ahora las levantadas son a las 6 para aprovechar las horas más frescas de la mañana, hacer una parada entre 12 y 4 bajo alguna sombra y seguir un par de horas al atardecer.

A medida que nos alejamos de ciudades grandes de Sudáfrica y de la concentración de gente, hemos ido cambiando los camping establecidos y hostales por algún lugar escondido cerca del camino para pasar las noches.

La gente ha sido extremadamente acogedora con nosotros, lo son siempre, pero a favor nuestro, les llama la atención nuestra forma de viaje, cuestión que nos ha abierto un montón de puertas. Ni en los “township” (favelas) de cada pueblo o ciudad (de las que tanto nos han advertido) basta que entremos para que un montón de niños corran a saludarnos y hombres y mujeres que se acercan riéndose del peso de nuestras bicicletas y deseándonos buen viaje.

Recién cumplidos nuestros primeros 1000 kms de pedaleo, estamos en Springbok, un pequeño pueblo muy cerca de la frontera con Namibia, la puerta de entrada a un desierto árido, plagado de dunas que recorreremos durante las próximas semanas.

Nuestas bicicletas están listas y recién ajustadas para enfrentarse al desierto, que esperamos nos trate de buena manera.

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