De vuelta al mar

Hace poco más de 4 meses (y 5000 kms) fue la última vez que vimos el mar. Nos encontrábamos en la costa Atlántica del continente, en Skawopmund, un exclusivo balneario de la costa de Namibia. Ahí conocimos a Martín, un argentino que lleva recorriendo el continente africano en su moto hace cerca de un año. Pasamos 4 días memorables de playa, risas y buenas historias en torno a la cocina y la parrilla.

Nuestras rutas seguían en distintas direcciones pero estaba todo dado para encontrarnos nuevamente en Botswana, así que fijamos celebrar ahí navidad juntos. Una navidad de antología: otra vez reunidos entorno a la parrilla y con nuevas historias para contar. Luego de algunos días nos despedimos de Martín sin saber si nos volveríamos a encontrar.

Entramos a Mozambique por la localidad de Milanje, un pequeño pueblo que se encuentra en la frontera con Malawi. Nos emocionamos cuando escuchamos al policía de frontera preguntarnos -Bom día, ¿Cómo está?-. Cualquier factor que facilite la comunicación en estos lugares en bien recibida y un idioma cercano al español como el portugués se agradece infinitamente. Mozambique fue colonia portuguesa hasta 1975, el idioma oficial es el portugués y al igual que muchos países de África, después de las independencias, optaron por dejar cómo idioma oficial el heredado de las colonias. Un punto a favor para las colonias europeas en África, porque hoy es una herramienta fundamental para que la comunicación entre las diferentes culturas que existen en cada país.

Apenas entramos en Mozambique, volvimos a ver edificios. Veníamos de Zambia y Malawi y en pueblos de la dimensión de Milanje, jamas te encontrarías con edificios y construcciones sólidas. Bueno, el tiempo y una guerra civil de 15 años pasaron sobre ellos, así que tampoco lucen de la mejor forma.

Decidimos, sin tener mucha información, hacer el avance hacia el este por un camino secundario que correo unos 400 kms hasta empalmar con la ruta N1, la carretera principal de Mozambique que conecta el país de sur a norte. Fue un acierto el camino secundario, avanzamos una semana sobre tierra roja rodeados de montañas escarpadas, llenos de agujas de roca y acantilados que nacen del bosque verde y los cultivos de té. Este camino, que más bien parece huella, está lleno de cruces de arena y surcos hechos por las lluvias de los últimos meses que hacen que prácticamente no circulen autos por ahí, las distancias son largas y a favor de la bicicleta la mayor parte del tiempo encuentras una pasada decente en las partes más afectadas. Lo único que ves transitar son un par de camiones al día, conectando las villas y pequeños pueblos que ahí se encuentran. Los camiones van cargados de gente que viaja de pié en la parte trasera para ocupar el menor espacio posible. Aún así, van tan llenos que ves algunos en los techos y a otros colgando de los costados de los camiones.

La semana que tardamos en cruzar este camino, repartimos casi todas las noches entre escuelas, estaciones de policía y misiones. El pueblo más grande que cruzamos fue Gurué, donde armamos las carpas en estacionamiento de una pensión. Por más que intentamos negociar, el mejor precio que conseguimos fue 450 Meticaiz por los dos (unos US 15). Sin embargo, al día siguiente las hormigas se encargaron de echarnos rápidamente del lugar mientras se encaramaban por nuestras piernas y nos daban dolorosas mordidas. Mozambique es sin duda el país más caro que hemos visitado en África y viniendo desde Malawi el choque por el cambio de moneda, se siente.

Sabíamos que Martín, nuestro amigo argentino, venía desde Sudáfrica por la costa este y hace unos días le había escrito preguntando si nos encontrábamos en algún lugar. En Gurué, con una lentísima conexión a Internet, después de varios intentos de abrir mi correo, me encontré con la escuálida respuesta de Martín “Nos vemos el miércoles 13 de Marzo en Isla de Mozambique”. A nosotros aún nos faltaban más de 500 kms y teníamos 5 días para llegar. Fueron 5 días fuertes y por suerte el tiempo y una buena carretera nos acompañaron.

Cuando nos faltaban unos 30 kms para llegar a la Isla de Mozambique. Hice una parada de descanso bajo un árbol y me asomé a la ruta para ver si venía el Benja, entonces divisé una moto acerándose en mi misma dirección. Era Martín, fue un emocionante encuentro en la ruta después de 3 meses. Él había llegado a este lugar un par de días antes y con la suerte de los viajeros conoció en el camping a una madre e hija españolas que viven hace 2 años en la Isla. La labia que caracterizan a nuestro vecinos fue la llave para recibir la invitación a quedarnos en su increíble casa donde llevamos 5 días disfrutando de la playa, la vida sibarita, la arquitectura y la historia de unos de los paisajes mas escénicos que hemos visto en todo África.

4 Comments on "De vuelta al mar"

  1. Hola Soy Cristián, Amigo de tus hermanos Pancho y Juan Pablo, del Notre Dame, no se si me acuerdo muy bien de ti, pero quería felicitarte y agradecerte por esta aventura que estas realizando y compartiendo… buenas fotos, se nota la mano de tu padre, pero te celebro, los celebro por hacernos soñar y ver un mundo que solo recibo por las fotos y cartas del Padre Roberto “Kwenda” Guzmán quien esta allá en Maringwe, no se si lo conoces, pero si te animas anda a verlo a l pueblo, creo que tiene cierta fama por allá :) pregunta por el. Bueno, te adjunte mi blog de arte, aunque también ando en bicilcleta, mi aventura es más con el arte plástico. Que Dios te bendiga y que tengas Buena Ventura! y Buena Aventura! Abrazos!

  2. Hola, Soy Julissa Molina desde Nicaragua. tus fotografías realmente me han hecho viajar, volar y hasta soñar esos paisajes. He descargado algunas de tus imágenes para mis pinturas… Realmente esos paisajes solo observar, anhelar mediante una fotografía en alguna parte del tiempo… te hace sentir parte de ese sitio y de agradezco por compartir un pedazo, una fracción de tu aventura al publico, a personas como yo sin ese tipo de oportunidades de desnudar la belleza del mundo y mostrar su pureza.

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