Pemba y la vuelta al continente

Antes de embarcarnos a Pemba, hicimos todas las averiguaciones de cómo podríamos volver al continente desde este lugar. Esta isla esta ubicada unos 200 kms al norte de Zanzíbar y el ferrie de carga que conecta las dos islas, toma la noche entera en llegar. Nos habíamos comprometidos con amigos de celebrar mi cumpleaños en Moshi, un pueblo que se encuentra en la base del Monte Kilimanjaro al norte de Tanzania. Ellos viajarían hasta ahí, así que no podíamos fallar. Si no teníamos regreso al continente directo desde Pemba, no llegaríamos en la fecha porque tendríamos que volver hacia Zanzíbar y de ahí cruzar a Dar es Salaam, que significaría 300 kms más en la ruta hacia Moshi.

Partimos a Pemba sin la certeza de que ahí encontraríamos algo para volver. Nos habían comentado que existían dhows (pequeñas botes a vela) que hacían el trayecto, pero nadie fue capaz de darnos fechas ni lugares de salida. Decidimos hacer el riesgo, visitar Pemba y esperar que la suerte estuviera de nuestro lado.

Fue un acierto el cruce, Pemba es una Isla geográficamente muy parecida a Zanzibar pero con la gracia de que no está explotada turísticamente, los locales no hacen el amague de sobre cargarte con los precios y puedes disfrutar de la playas sin dudosos Masais vendiéndote paseos turísticos y un lote de Mzungus jugando voleyball en la arena que interrumpen la tranquilidad y la vista.

Es un placer contar con la bicicleta en lugares como este, los caminos que conectan la isla de un lado a otro estan en buen estado, rodeados de una vegetación húmeda tropical y con caminos que suben y bajan todo el tiempo pequeños cerros, que a ratos te dejan ver una panorámica de la isla.

caminos pembaCamino a las playas del norte de pemba

En uno de los tres pueblos de Pemba conocimos a Dave, un norteamericano que trabaja como voluntario para Peace Corp hace dos años. Cuando nos vio en nuestras bicicletas se acercó curioso a hablarnos. Terminamos almorzando juntos y con una invitación a quedarnos en su casa que nos sirvió como punto base para instalarnos y hacer paseos por el día dentro de la isla.

Camino al colegio

Después de tres días recorriendo la isla, teníamos que partir. Fuimos a probar suerte en el puerto que tiene el pueblo de Wete, donde nos encontrábamos alojando. Todos los puertos de esta isla, no son más que un pequeño muelle de concreto donde no hay más de 6 dhows preparándose para salir al continente para llevar pasajeros y traer carga en su regreso. Junto al muelle hay un container que hace de oficina para el jefe de puerto y un encargado de inmigración. Pemba es parte del Archipiélago de Zanzíbar, al igual que este, dependen políticamente de Tanzania, pero mantienen soberanía, son tierras semi autónomas, es por esto que cuentan con control de inmigración en cada puerto de las islas. Fuimos al container a hablar con los encargados, pedir información de las próximas salidas y el permiso para embarcarnos. Nos explicaron que no era posible que extranjeros se subieran en estas embarcaciones porque no contaban con las medidas de seguridad (después nos daríamos cuenta de lo que nos hablaban). Insistimos durante un rato, excusándonos de nuestro reducido presupuesto y urgencia que teníamos por llegar al continente. En el momento que habíamos desistido y decidido ir a probar suerte a otro puerto de la isla, nos pararon y nos dijeron que todo se podía arreglar con dinero. La cifra que nos estaban pidiendo para autorizarnos a salir, estaba totalmente fuera de nuestro presupuesto, así que nos movimos 30 kms al sur, a Wesha, otro pequeño puerto. Esta vez decidimos ir a hablar directamente con los capitanes de cada bote y negociar. Llegamos a un acuerdo con uno de ellos y nos subiríamos en su bote en el viaje que tenía programado para el día siguiente. Perfecto!. Dormimos a orillas del puerto y a la mañana siguiente levantamos campamento y preparamos todo para la partida. Mientras estábamos en el muelle esperando que el capitán y su equipo terminaran de preparar el bote, apareció el encargado de Inmigración. Nos repitió el discurso y no explicó que no podíamos subir. Ahí comenzó una larga negociación que duró unas dos horas y terminó en una comisión para el encargado de puerto, otra para el de inmigración y un compromiso de nuestra parte de guardar silencio.

Según ellos el viaje duraba entre 4 a 6 horas. La isla está a unos 80 kms del continente. El capitán prendió el motor de 15 hp para salir de la bahía y luego de unos 30 minutos a motor, los 5 acompañantes, mas otros pasajeros locales comienzan una enredada y rápida maniobra de colocar el mástil y velas en posición, todos vuelven a sus lugares y el capitán tira de una cuerda que corta todas las amarras de pasto que sujetaban la vela que en dos tiempos se abrió al viento. Sorprendente la herencia, supongo que de los antiguos navegantes portugueses, las técnicas de navegación y lo artesanal de todas las partes del bote. A las 4 horas de navegación a vela nos encontrábamos en la mitad del Océano en un bote artesanal de unos 10 metros de largo, sin medidas de seguridad y sin ver tierra en ninguna dirección. Ahí caímos en la cuenta que el viaje duraría al menos el doble de tiempo que nos habían dicho.

Preparando velas para el comienzo del viaje

Camino al continente

capitán timoneando

Llegamos a la costa del pueblo de Tanga, en el continente, a las 11 de la noche, con marea baja, así que el bote no tuvo posibilidad de llegar hasta el muelle. Plena oscuridad, salvo por una pequeña luna que algo iluminaba. Estábamos a unos 500 metros de la orilla. El capitán hizo unos silbidos y a los 10 minutos aparecieron dos canoas. Nuevamente a negociar para que nos llevaran hasta la orilla. Nos subimos con las bicicletas y alforjas a las canoas, alcanzamos a avanzar no más de 200 metros hasta hasta que la poca profundidad del agua nos estancó. El encargado de la canoa nos miró y nos hizo entender que hasta ahí llegaba su trayecto. Nos bajamos, nos echamos las alforjas al hombro y ellos cargaron con las bicicletas. Teníamos el agua hasta las rodillas, caminamos con un cuidado inútil de no pisar un erizo y con el susto de que algo cayera al agua en plena oscuridad. Finalmente pisamos arena ceca, no saben lo bien que dormimos esa noche.

Al día siguiente salimos de Tanga pedaleando con rumbo noroeste hacia Moshi, mirando atrás, despedíamos del mar y sabiendo que nuevamente no lo veríamos en un buen tiempo. Teníamos cuatro días para llegar, al tercer día de pedaleo se comenzó a sentir la presencia del Kilimanjaro con largas subidas. Al final de esta jornada las nubes se abrieron para regalarnos un minuto de la inmensa e imponente cumbre que en las siguientes dos semanas de viaje se dejaría ver desde distintos lugares.

Plazas de pembaplaya pembaClásicas embarcaciones a velaPlaya de pemba, somos pocos en bici

Got something to say? Go for it!